Tengo una armadura muy grande hacia el exterior, aunque no lo parezca, nadie me influye, nadie me hace daño, nadie me importa lo que diga. Pero detrás de esa coraza, al rededor de mi, hay como un círculo, en el que pocos entran, que rodea mi alma totalmente abierta, sin niguna protección.Cuando alguien de esos me ataca, no puedo hablar más, me lleno en sufrimiento, me hundo, pero lo echo y me cubro de nuevo.
Ese daño queda ahí marcado para siempre, la cicratiz duele hasta el fin de los días.
Por suerte tengo pocas marcas, demasiada gente con buena fe en mi círculo, pocos con los que me equivoqué en confiar,
Y de esto no se aprende, solo se sufre, pero qué bonito es sentirse sin armadura, aunque solo sea por un tiempo y para algunos.