"No quiero arriesgarme", escuché ayer decir a un chico de 27 años..
Si yo no me hubiera arriesgado no me hubiera independizado económicamente a los 16 años, no hubiera aprendido varios idiomas por mi misma, no hubiera vivido la experiencia de vivir en otro país con pocos ahorros y sin conocer la lengua.
No hubiera superado mi miedo a las alturas saltando desde un avión, y mucho menos mi pánico escénico.
No hubiera sentido la increíble sensación de estar enamorada y hacer locuras por esa persona.
Si no me hubiera arriesgado no hubiera recorrido tantos países sola con una mochila y conocido desde dentro cómo viven otras culturas.
No hubiera visto la vía láctea tumbada en la arena del desierto de Atacama, ni surfeado esas olas solitarias perfectas sobre fondo de roca y erizo.
Si no me hubiera arriesgado no trabajaría en lo que me gusta, con el horario que quiero y sin dar explicaciones a nadie, ni tendría amigos por todo el mundo, ni tendría nada que contar.
Si no me hubiera arriesgado no hubiera sentido de cerca la muerte, ni habría apreciado todo lo que tengo hoy día.
Si no me hubiera arriesgado no sé quién sería, solo sé que no hubiera tenido vida.
